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Con bastante frecuencia en la infancia se presentan dificultades en algunos de estos escenarios en particular o, incluso, en varios de ellos. Problemas que se expresan en la relación con los compañeros del colegio, o con su grupo de pares, conflictos relacionados con la adaptación a las normas escolares o familiares que, en algunos casos, terminan por convertirse en conductas disruptivas, o mediante el incumplimiento reiterado de las responsabilidades que le son asignadas, son algunas de las cuestiones que con mayor frecuencia se plantean como motivo de consulta para los padres.
En este periodo, los cambios que registran los jóvenes tienen que ver tanto con su cuerpo como con su vida emocional, sus procesos anímicos y su conducta. Con frecuencia aparecen problemas en el consultorio que tienen que ver con la desmotivación y la dificultad para concentrarse, lo que complica para ell@s el cumplimiento de sus obligaciones y sus relaciones familiares, sociales, institucionales…
Los factores generadores de angustia y sufrimiento en la vida adulta pueden ser de muy diversa índole. Los estilos de vida actuales, los nuevos modelos familiares articulados en nuestra sociedad – familias monoparentales, parejas de hecho, familias ensambladas con hijos de otras relaciones, familias con hijos en adopción/acogida o parejas homosexuales -, o las vicisitudes que al adulto se le plantean en las diversas áreas de su vida, con frecuencia constituyen una fuente de ansiedad y dolor que aboca al sujeto a una sensación de desasosiego, incertidumbre e inestabilidad anímica y emocional.
La pareja, formada por dos personas distintas, cada una con su historia familiar, su propia subjetividad y su forma de entender y posicionarse ante la vida, es el marco en el que, a diario, se ponen en juego las distintas habilidades y limitaciones personales de cada uno de los integrantes ante los retos y vicisitudes que la vida plantea y que ponen a prueba constantemente la integridad de la relación y, por tanto, su posible sostenibilidad.
Es el entorno en el que se establecen los primeros lazos interpersonales, que nos servirán, posteriormente, de modelo a la hora de crear vínculos con los demás en la vida adulta, y de relacionarnos con los distintos escenarios y formas de organización social extra familiar a las que de una u otra forma ingresaremos a lo largo de la vida: la escuela, la pareja, las asociaciones y clubes sociales, el grupo de pares…