A menudo encontramos en los casos que acuden a consulta quejas de los pacientes que van en la misma línea que el título de este post, presentadas bajo distintas formas de expresión: “mi pareja me agota psicológicamente “, “ya no sé qué hacer con él/ella”, “mira que intento que esto cambie”, “ya no sé qué más hacer” y cómo no el tan recurrente “ya no puedo más” entre algunas otras.
Lo que se suele observar en estos casos, según nos muestra la práctica clínica, es la inseguridad de uno de los componentes de la pareja, y que afecta directamente a la viabilidad de la relación. Paulatinamente se van instalando en la pareja ciertos rituales y costumbres, en ocasiones insoportables, destinados a evitar un nuevo desencuentro y que terminan por ahogar la relación.
Tal vez, lo más interesante en estos casos sería preguntarse acerca de sí mism@, y no tanto sobre lo que se “puede hacer” o no para “cambiar” al otro. Quizá sería más conveniente plantearse si las condiciones sobre las que se sustenta la relación que se está manteniendo son viables – o no -, antes que emprender una odisea destinada a cambiar aquellos aspectos del otr@ que no nos gustan, o que nos hacen sentir mal.
El amor, por el contrario de lo que cree la mayoría de la gente, no lo puede todo. Sin embargo, vivimos habitados por la fantasía de que el otro nos ama tanto que no dará lugar a que se rompa la pareja y que, antes de llegar a ese punto, cambiará aquello que suelen ser los motivos de disputa más recurrentes en el día a día de la relación.
La realidad nos muestra, con frecuencia, lo contrario. Revela que, contra toda creencia popular, con el amor no alcanza para que una relación pueda fluir, si el precio de mantenerla es tan elevado como para exigir la renuncia a la propia libertad, o tener que convivir con el hostigamiento continuo, el control, el dolor, etc.
Aún en situaciones así, algunas personas se entregan a la fantasía de cambiar a la pareja mediante constantes concesiones ante una demanda inagotable, y que puede pasar por la fiscalización de los horarios o amistades, la forma de vestir, a la imposición de cualquier otra exigencia.
Causas del agotamiento psicológico.
El agotamiento psicológico al que pueden llegar algunas personas que mantienen este tipo de relaciones tiene que ver con cuestiones de diversa índole, intrincadas entre sí, que dificultan – pero no imposibilitan – dejar una relación angustiante.
Por un lado, encontramos en la práctica clínica que a la mayoría de estas personas les cuesta trabajo entender que tienen derecho a decir “no” ante algunas demandas que su pareja le plantea, o incluse pretende imponerle. La única función que cumplen – siempre de forma fallida, por supuesto – aquellas renuncias que se llevan a cabo en favor de quién cela es la de eludir, en ese momento, un conflicto inminente.
Más allá de este banal “logro”, las resignaciones que se asumen en favor del otr@ no sirven para dar consistencia a la pareja porque quién pretende controlar de esa manera su partener lo ama de una forma insana, que estará abocada a un final inevitable, y en ocasiones trágico, tras un largo período de sufrimiento.
Por otra parte, cabe rotular que lo que, en ocasiones, parece teóricamente fácil de llevar a cabo, se complica bastante a la hora de trasladarlo a la práctica. Algunas personas quedan tan debilitadas anímica y psicológicamente, como consecuencia del desgaste que produce una relación de estas características, que sienten – con un alto grado de realismo, por cierto – que no serán entendidas en su entorno y que no encontrarán el apoyo y asistencia necesaria como para comenzar a armar las condiciones necesarias para abandonar una relación así.
Más tarde o más temprano, la persona que transita su vida de pareja en unas condiciones tan angustiantes va a sentir una marcada necesidad de hacerse cargo de su situación y, justo ahí, es el momento en el que comienzan a armarse las condiciones internas necesarias como para plantearse una salida posible de esa situación, algo distinto.
Nos referimos a un cambio que trasciende a los conflictos que se juegan – o se jugaban – en el escenario de la pareja, y que apunta, más bien, a un trabajo encaminado hacia la búsqueda de aquellos motivos internos que, a pesar de saber que no se está feliz en una relación, nos impiden salir de ella abocándonos, progresivamente, a un desgaste emocional y, por ende, al deterioro anímico que implica sostener una relación de esas características.

